lunes, 26 de abril de 2010

Fanatismo y cambio

Fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema.

Winston Churchill

Me llama la atención profundamente esta máxima de Churchill sobre todo por un matiz que considero revelador. Se trata de la expresión "no puede".

No soy partidario de considerar que una persona no pueda cambiar de opinión. Creo firmemente por razones lógicas y empíricas que el cambio en las personas es natural y permanente. Por lo tanto también creo que la persona que no cambia es porque está haciendo el esfuerzo de mantener inamovible una postura, idea o comportamiento a lo largo del tiempo. De forma natural, vivir supone una constante y silenciosa evolución, que implica, no solo a nuestro soporte material -el cuerpo humano- sino también a nuestra mente. Tal es así que no entenderíamos (no entendemos) que una persona de cuarenta años piense como un adolescente de quince, excepto si es causa de alguna cuestión patológica. Normalmente cada etapa de la vida conlleva una determinado enfoque vital acorde con las naturales pulsiones de desarrollo y supervivencia, en unos casos más acusadas y en otros menos. Para eso están las hormonas, las encimas y otros tipos de mecanismos biológicos que conforman los comportamientos y los mediatizan.

Ahora bien, está definitivamente demostrado que la influencia de la química de nuestro cuerpo y su influencia en nuestro cerebro, y por consiguiente en nuestro comportamiento y percepción del mundo, tiene también recorrido en sentido contrario. Las percepciones, la interpretación de la realidad y las vivencias que una persona tiene desde su nacimiento, influyen en el organismo de esa persona; esto es algo que conocemos como somatización.

Retomando el tema inicial del "no puede", abundo en dos aspectos.

  • Si realmente me llamó la atención esta frase es porque la primera vez que la leí mi mente me jugó una mala pasada y su lectura fue "Fanático es alguien que no quiere cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema". Debió de ser a causa de que la interpretación objetiva que apliqué entonces no terminaba de convencerme y mi subconsciente decidió "aclarármelo". Después, a sabiendas de que alguna pieza no encajaba, volví a releer la frase, ya sin distorsión. Mi conclusión es que el hombre, sí puede cambiar de opinión (como ya dije antes), pero entonces Sir Winston, debía de referirse a la imposibilidad de cambio por razón de la sociedad, la familia y sobre todo, del miedo.

  • Cualquier cambio, del tipo que sea, tiene un fin primigenio que es el de evolucionar "a mejor". Es por ello que la naturaleza del hombre le empuja a desarrollarse cambiando, dejando lo que no sirve y añadiendo lo que sirve. Es nuestro destino natural. No seguir en esta línea nos lleva al estancamiento, y por ende, a la decadencia o degradación. En este último caso es cuando se produce lo que podríamos llamar, "un cambio a peor". Por ello, si no queremos decaer, debemos asumir los cambios con naturalidad, y si esto nos produce vértigo o inestabilidad –algo que es normal e inherente a los cambios-, tendremos que hacerlos, sobre todo, con cabeza, y llegado el caso, con asistencia de alguien que nos pueda ayudar.

jueves, 25 de marzo de 2010

El Problema


Hace un tiempo, me comentaba una persona la mala suerte que creía tener en la vida pues repetidamente se le daba una situación, y repetidamente volvía a hacer lo mismo, con el mismo resultado desastroso. Su punto de vista se basaba en la mala suerte, es decir, que si la vida fuera una partida de cartas, a esta persona siempre le daban malas cartas.


Después de varias sesiones de coaching, empezó a tomar en consideración la posibilidad de que la repetición de ciertos comportamientos fuera la causa de los resultados desastrosos. Fue entonces cuando en un momento de paciente meditación, me dijo:


- … esto me hace pensar que el problema soy yo.


La reflexión que propuse fue esta:


- Si, exactamente. Eso es del todo cierto. Ahora bien, te voy a dar dos noticias. Una buena y una mala. Empecemos por la mala...


… tú eres el problema para casi todas las cosas de tu vida que se refieran a ti.


Ahora la buena...


… afortunadamente, si tú eres el problema, eso te da la posibilidad de solucionarlo.


Para no dejar esto en barbecho, vamos a profundizar un poco más en estas aseveraciones.


Podemos afirmar con rotundidad que la libertad de acción (LdA) y la libertad de pensamiento (LdP), son bastante desiguales. La primera está mucho más restringida que la segunda, digámoslo así, por razones físico-químicas. Seguramente mucha gente piensa que de la primera -LdA- no hay casi y que de la segunda -LdP- sobra. Seguramente pensarán también, que teniendo mucho de la segunda y poco de la primera no hay posibilidad de progresar o de tomar las riendas de la vida. Pensarán, también, que si sus opciones de acción son limitadas por causa de falta de recursos, de imposiciones externas o de otras razones, poco pueden progresar. Esto les lleva a tirar la toalla y a no plantearse escenarios no conocidos. Es decir, no plantearse cambios.


No es fácil hacer ver a alguien más allá de su entorno. Esto puede pasar a causa de la comodidad, el miedo, la ignorancia o la pérdida de interés. En esta situación, la persona da por "buena” su limitación de acción. En cambio, en la gran mayoría de los casos, no cree que esta limitación pueda estar en sus creencias, en sus puntos de vista, en su manera de ver el mundo y de interpretar lo que le rodea. Esto hace desarrollar en esa persona un mecanismo de defensa. Para ser coherente con su asumida limitación de acción, lo que hace es externalizar el problema, es decir, achaca a factores fuera de su voluntad esa falta de libertad de acción. Piensa en consecuencia que el problema no está en él, no es él, el problema está en... el otro, o los otros, el gobierno, el mercado, la familia, el jefe, la empresa, el tráfico, la sociedad, etc..


Gracias a ciertas terapias de desintoxicación, y en concreto con el método de Alcohólicos Anónimos, podemos conocer un caso práctico. Como sabe casi todo el mundo, sobre todo por la televisión o el cine, los componentes de los grupos de terapia de A.A., inician su turno de palabra con la siguiente presentación "soy Fulanito/a de Tal, y soy alcohólico/a”.


Son estos métodos de desintoxicación donde se vio la necesidad de hacer entender que para acometer con un mínimo de éxito la solución a un problema personal –de la persona- el primer paso que había que dar era reconocerlo como propio, hacerse uno con el problema y así evitar ponerlo en el exterior, como si el problema fuera de otros, o del ambiente.


Esto tiene otra función. Al reconocer el problema como propio, se asume implícitamente que la solución es de la propia persona. Claro, con ayuda, apoyo y supervisión, pero aceptando ser el protagonista de la búsqueda y resolución del problema.


Curiosamente esto provoca otra situación paradójica, asumir que se tiene libertad suficiente –lo que a veces es bastante- para elegir otras acciones o posibilidades, y optar por ellas, y no por los ya conocidos caminos que llevan al fracaso o a la decadencia.


Podemos de esta forma resolver, que asumir nuestros problemas, nos hace ser responsables de ellos, es decir, de nosotros. Ser responsables nos transforma de tal forma, que nos hace resolver nuestros problemas –o acaso precisamente por eso. Esto supone elegir mejores opciones. Elegir, entonces, nos induce a ser libres.


miércoles, 24 de febrero de 2010

El Poder de la Palabra ( y III )


Los formatos interpersonal e intrapersonal son a fin de cuentas, los dos tipos de comunicación que tanto el consciente como el inconsciente tienen con el mundo

De ambos se enriquecen las personas, pues son la base del aprendizaje de habilidades, de la obtención de conocimientos, de la obtención de sensaciones y de la elaboración de los propios patrones e ideas.

Ahora bien, siendo todo lo anterior positivo en si mismo, es necesario un factor determinante para que la persona que ya ha obtenido esas cualidades (habilidades, conocimientos, sensaciones e ideas) pueda hacer con ellas algo positivo para si y para el mundo que la rodea.

Este factor determinante es el equilibrio entre el consciente y el inconsciente.

Se entenderá mejor con varios ejemplos.

  • Seguramente el lector de este artículo conoce a alguien que siendo titulado superior, con amplios conocimientos académicos, con cultura y habiendo podido acceder a una educación amplia, es una persona sin éxito en la vida o incluso, con un alto grado de fracaso personal o profesional.

  • Otro ejemplo. Noticias recientes en las cuales una persona asesina a otra por razones varias (que no vienen al caso); entonces un reportero de televisión pregunta a las personas de su entorno por la posible “causa” del asesino, y estas contestan sin dudarlo “quien lo iba a decir, con lo educado/a que era” o “si era una bellísima persona”. Atención, lo que antes era ahora ya no lo es.

  • Un último ejemplo. Un padre de familia que tiene un trabajo aceptable, con un sueldo aceptable, una familia corriente con sus problemas corrientes, pasado un tiempo y en un momento dado, por razón de algún detonante sin importancia (una gripe, que su equipo perdió la liga, una discrepancia sobre donde ir de vacaciones, etc.) decide romper drásticamente con esa vida y se “traslada” sin decir nada ni a nadie para empezar una nueva vida. Lo que popularmente se decía “me voy por tabaco”.

El nexo común en estas situaciones no está en la casuística, pues es evidente que son reacciones muy distintas, está en el desequilibrio consciente/inconsciente de las tres.

En todos estos casos, la preeminencia de uno sobre otro producen a medio o largo plazo el conflicto que provoca en algunos casos el desastre personal, en otros la infelicidad y en la mayoría el desasosiego.

Y ¿Esto por que? Veamos.

  1. Si el consciente predomina sobre el inconsciente, a priori, no tiene que haber problema; la persona se comportara de manera reflexiva, muy racional y con todos los pasos de sus vida muy calculados, pero esto puede tener dos consecuencias negativas:

    1. Si se mantiene en esa línea de por vida, excesivamente rígida, la convivencia con otras personas se llegar a hacer muy complicada. Incluso para convivir con ella misma pues permanentemente tendrá que estar reprimiendo sus deseos y necesidades lo que la lleva a un estado de permanente ansiedad.

    2. Llegado un momento de su vida la “represión” permanente del inconsciente hace que este explote de la manera menos esperada y de forma; casi siempre, desgraciada.

  2. En este segundo caso la libertad de acción del inconsciente, hacen que la persona sea poco reflexiva, muy dada a decir o hacer lo primero que le apetezca o le venga a la mente. En este caso también puede haber varias consecuencias:

    1. Este tipo de persona tendrá desordenes de comportamiento, de relación con su entorno, pero podría mantener una normalidad de vida si encuentra personas y entornos que le consientan y le justifiquen esos comportamientos.

    2. Si no encuentran entornos propicios para su comportamiento antes o después acaban por marginarse (esto no significa que tengan que llegar a la marginación social extrema como la mendicidad, aunque también), o por caer en consumos autodestructivos.

Como en la mayoría de las cosas en la vida, el punto idóneo esta en el equilibrio, y este no significa que la preponderancia psíquica de una persona este repartida al 50% entre consciente e inconsciente.

¿Pero como? Ajustando cada poco tiempo el equilibrio entre sus dos yoes para que el sujeto sea capaz de variar sus comportamientos y creencias en relación con cada situación en la que vive, teniendo como fin principal hacer lo mejor para ella y para su entorno.

En definitiva, asumir positivamente el cambio y adaptación a la circunstancias de manera permanente.

jueves, 28 de enero de 2010

El Poder de la Palabra ( II )


Los diferentes formatos de lenguaje intrapersonal se intercalan con los formatos de lenguaje interpersonal, que se pueden resumir en:


  • El diálogo equilibrado, donde dos o más personas se expresan, a la vez que escuchan, alternándose en escuchar y hablar (uno habla y el/los otro/s escucha y viceversa).

  • En este sistema, si esta equilibrado, intervienen básicamente los conscientes de las todas las personas, quedando sus inconscientes en labores de apoyo en las cuales se da una cierta intervención, ajustando contextos del dialogo, creando la empatía necesaria para la evolución del dialogo, avisando en segundo plano con notas emocionales o sacando de la memoria sensaciones y datos necesarios para la conversación.

    Igualmente, los inconscientes se encuentran en ese momento receptivos, en mayor o menor medida, respecto a la información que les llega, la cual entra de manera elaborada por el propio dialogo y por el consciente (es decir, el mensaje final que se guarda se va depurando durante la conversación por parte del consciente).

    Un ejemplo de este formato sería la conversación fluida y creativa entre dos o más personas.


  • El diálogo desequilibrado, donde dos o más personas se comunican a la par que escuchar, pero la alternancia se ve alterada o anulada, ya sea porque se ha roto formalmente o porque uno (o varios componentes del dialogo), no escucha a los otros sino que escucha a su inconsciente.

  • De esta forma se introduce dentro de este dialogo multilateral, el dialogo interior, de una o de más personas, lo que provoca que la emisión del mensaje se realice, pero no la recepción por parte de otro u otros receptores . En este momento el inconsciente del receptor “rebelde” a tomado el mando y no permite la entrada de información, pues ha decidido que no es necesaria o que es incluso perjudicial. Como mucho, tomara aquella información que refuerce y consolide su propio criterio.


    Por ejemplo, una discursión entre una pareja.


  • El auto dialogo, es cuando la persona que está enviando un mensaje, se escucha a si misma.

  • Puesto que en la preparación y envío de mensajes hay una labor consciente y otra inconsciente, quedando la parte consciente encargada de la emisión física del mensaje, la parte inconsciente escucha indirectamente lo que se está emitiendo, y como no tiene a priori motivo de rechazo ante un enunciado creado por si mismo, “recibe” sin filtros ni censuras aquello que se esta emitiendo hacía el exterior. Este mecanismo es muy interesante pues produce el refuerzo y rehubicación en el inconsciente de las creencias y postulados transmitidos, cuya conclusión es que las personas se creen sus propias mentiras o sus propias verdades, siendo lo primero totalmente negativo para el desarrollo de la persona (este es el origen entre otras cosas de las paranoias) y lo segundo totalmente positivo (este es el caso de la motivación y la confianza).

    Un ejemplo podría ser el de un paciente de un psicólogo, o el cliente de un coach.


  • El monologo aceptado, en el cual una persona emite un mensaje (emisor) y otra, u otras, lo recibe/n (receptor/es) sin alternar los roles.

  • En esta circunstancia ambas partes cumplen con su cometido sin crear conflicto. Así pues, una de ellas (el/los receptores) reconoce la validez de la figura emisora para emitir un mensaje y lo acepta con naturalidad, por lo tanto el consciente y el inconsciente de cada receptor se reparten la carga en la recepción y elaboración de la información recibida.

    Como ejemplo más claro estaría el de un profesor y su clase.


  • El monologo no aceptado, siendo el mismo caso que el anterior, pero aquí el receptor no acepta de buena gana el mensaje del emisor, aunque formalmente lo escucha.

  • En este caso el consciente del receptor esta intentando elaborar el mensaje recibido (escuchado) pero el inconsciente esta realizando una frenética labor de rechazo y aceptación, es decir, en principio está rechazando el mensaje y en esa situación de elaboración del rechazo se están quitando recursos al consciente para asumir coherentemente lo que se está recibiendo . Esto provoca que el mensaje entre al inconsciente en bruto y quede allí sin elaborar. La causa está en que el rechazo de un mensaje debe ser por medio de la coherencia de la razón, pues la mente no puede rechazar un postulado sin explicar que es lo que le produce el rechazo, y esto hace que indirectamente se asuma el postulado.

    Un caso muy expresivo es cuando se recibe una crítica negativa, a la cual uno se opone, pero implicitamente le está dando la importancia y la validez que de forma explicita le niega.


  • El monologo no escuchado, es el mismo caso que el anterior solo que aquí el receptor no escucha el mensaje (pero parece que si lo hace).

  • El inconsciente del receptor ha tomado el mando y de forma interna a desconectado el canal que hay entre la audición y el cerebro. ¿Como lo hace? Saboteando la atención del receptor la cual es llevada a atender otra fuente de sonido o interponiendo un pensamiento absorbente y secuestrador como es, por ejemplo, una “preocupación”. El inconsciente ha decidido entonces que el mensaje a recibir no tiene importancia o es perjudicial y en vez de oponerse para anularlo, toma el control de la mente de la persona para llevar a cabo su propia estrategia y así dedicar atención a otro asunto que le parece más importante o prioritario.

    El ejemplo más claro sería cuando un conferenciante está hablando sobre un tema y una o varias personas del público están hablando, leyendo o sumidos en sus propios pensamientos fuera del tema que se está tratando. Otro caso es cuando en una dialogo entre dos, uno de ellos dice “parece que estoy hablando para las paredes”.



miércoles, 16 de diciembre de 2009

El Poder de la Palabra ( I )


Se ha escrito y comentado sobre el poder de la palabra. Casi siempre en relación al efecto que la palabra produce en los demás, ya sea en forma de argumentación, ratificación o disuasión. Con formatos más o menos formales como la charla, el debate, el dialogo, la conferencia, el mitin o la soflama.

En todos estos casos, no queda ninguna duda de que la palabra hablada tiene su impacto en el receptor, aunque no siempre con el efecto que desearía el emisor.

Existe otro aspecto del lenguaje que no tiene que ver nada con la comunicación interpersonal (entre personas) es la comunicación con uno mismo, que podíamos llamar intrapersonal (este vocablo no existe en el diccionario, pero creo que es suficientemente claro).

En toda comunicación existe un emisor y un receptor. En la comunicación intrapersonal el emisor y el receptor son la misma persona pero con un matiz: dentro de cada persona se pueden distinguir dos elementos que interviene en dicha comunicación, el consciente y el inconsciente.

Sobre la existencia de estos elementos se pueden contemplar diferentes formatos de comunicación:

  • El dialogo interior, donde el consciente revisa un tema planteado y el inconsciente hace de moderador.
  • En este caso el consciente lleva a cabo una labor de planteamiento y resolución sobre un tema, pero el inconsciente interviene permanentemente interrumpiendo, puntualizando y ofreciendo posibilidades, todas ellas basadas en la información y en las órdenes de supervivencia que este guarda. En dicho contexto la persona obtendrá conclusiones basadas en los miedos, deseos, amenazas, pasiones, odios, afectos, etc., donde también intervienen dos elementos “deformantes” para la comunicación, el pasado y el futuro, permitiéndoles tener un peso muy importante en el dialogo, por lo que el planteamiento entonces girará en torno a hechos ya pasados o a hechos todavía no pasados, en resumen, dos escenarios irreales que solo existen en nuestra mente (uno porque “ya no existe”, el otro porque “todavía no existe”).

  • La reflexión, donde el consciente revisa un tema planteado y el inconsciente hace de receptor o ayudante pasivo.
  • En un caso parecido al anterior solo que aquí al inconsciente no se le permite intervenir activamente y solo actúa como oyente, o llegado el caso, para aportar algún recuerdo o información especifica. Las conclusiones en este caso son evidentemente “razonadas” y el inconsciente las registrará para su posterior uso.

  • El sueño, donde el inconsciente revisa y ordena los recuerdos, conceptos y sensaciones almacenados.
  • Para un correcto funcionamiento del cerebro, el inconsciente necesita de vez en cuando (durante el sueño fisiológico) confrontar la información que almacena, en cuyo proceso se revisan y ponen en valor las experiencias recién adquiridas y se ordenan y guardan ya clasificadas para su posterior uso. Si no se realiza este proceso la persona entra en un proceso de “locura” por el cual pierde al control sobre el inconsciente, el cual se desborda y se pierde entonces la frontera entre el mundo real y mundo del inconsciente (lo que también se llama el mundo imaginario).

  • La autosugestión, donde el consciente le habla expresamente al inconsciente.
  • Este es un proceso de autoindución por el cual la persona, mediante ciertos ejercicios, provoca la entrada especifica de información en el inconsciente desde el consciente, con el fin de conseguir un resultado concreto. Valga como ejemplo los procesos de meditación o las técnicas de “anclaje” de la PNL.

lunes, 26 de octubre de 2009

La Sinceridad


Hace algún tiempo pude observar que una de las peticiones más comunes de las mujeres hacía sus parejas era la Sinceridad. Esto a día de hoy no ha cambiado. Sigue siendo la petición más requerida.


Se podría deducir entonces que los hombres son tacaños en sinceridad, o que lo llevan en los genes, pero … ¿Es esto realmente cierto?.


Y las mujeres ¿Son todo lo sinceras que se supone?.


Como diría mi carnicero “Vayamos por partes”.


La sinceridad bien entendida es el modo de expresarse libre de fingimiento. Tal así lo describe el Diccionario de la Real Academia de la Lengua.


Para que haya sinceridad entonces cabe suponer que tienen que haber:


  1. Alguien que se expresa

  2. Alguien que recibe esa expresión

  3. Un tema sobre el que expresarse


Pienso que la expresión aquí indicada no tiene forzosamente que ser oral, podría ser escrita, o podría ser mediante hechos.


¿Podemos decir, a priori, que los hombres fingen más que las mujeres? Tomándolo en sentido generalista, creo que no. Seguro que hay hombres que fingen más que sus parejas, pero no se puede aplicar esto como la generalidad.


Y al contrario ¿Podemos decir, a priori, que las mujeres fingen más que los hombres? Pues tampoco.


Entonces ¿Por que las mujeres solicitan más sinceridad a sus parejas? En esto tengo una teoría.


En los últimos años (no sabría cuantos pero sospecho que a partir de los 80 del siglo pasado) muchos científicos y pensadores están viendo que la conformación de la psique de las mujeres por su parte, y la de los hombres por la suya, tienen patrones comunes más allá de los tópicos y de las normas sociales heredadas. En el espacio de libertad personal y social que se ha venido viviendo desde la década de los años sesenta en el primer mundo, se ha podido contrastar que independientemente del nivel social, educativo, alimenticio o cultural, tanto los hombre como las mujeres adquieren ciertas pautas comunes a su genero.


Antropólogos y psicólogos están deduciendo que estas pautas son herencias ancestrales, imbuidas por la evolución durante miles y miles años.


Recientemente se han publicado libros divulgativos basados en estas diferencias “naturales” en los que se proponen que esas peculiaridades por razón del genero tienen un sentido dentro de la supervivencia de la especie, y forman parte del mecanismo de complementariedad y especialización necesario en la pareja humana.


De las obras más conocidas destaco “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus” de John Grey y “¿Por que los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas?” de Alan y Barbara Pearse.


Bien, pues según mi teoría basada en estos últimos planteamientos, al hombre no le falta sinceridad, no finge, sencillamente, no comunica.


Esto lleva a la mujer a pensar:


  • Si calla es porque oculta algo

  • Si oculta algo es porque no es “legal” (entendiendo aquí legal como verídico, aceptable, en definitiva, sincero)

  • Si fuera “legal” me lo contaría


Todo ello pensado genuinamente como mujer da como resultado entender el silencio del hombre como algo sospechoso. Si bien, esto no es aplicable a la totalidad de las parejas, es cierto que estas diferencias de base producen en la relación entre hombres y mujeres problemas más graves a medio y largo plazo. Esta falta de “sinceridad” permite que las mujeres elaboren teorías (no confirmadas, ni reales) que ponen al hombre en una situación incomoda, lo que provoca menos comunicación y menos “sinceridad”. Con el tiempo, este circulo vicioso va minando la relación, y puede llegar a ser causa de ruptura.


Debo explicar que no se debe entender con lo que he expresado que las mujeres se pongan en plan “paranoico” y vean cosas sospechosas donde no las hay. Sencillamente para una de las mitades de la pareja, el no comunicar suficientemente le resulta, como poco, “sospechoso”.


Pero en realidad esto también pasa en otros ámbitos de la sociedad. Si los gobernantes no comunican suficientemente que es lo que hace con los recursos públicos, donde se aplican y como, esto da que pensar que hay una mala gestión o corrupción. Lo mismo pasaría si fuera un club de futbol, una asociación benéfica o una empresa. La comunicación y la transparencia evitan las interpretaciones erróneas y especulativas, y esto es aplicable a todos los ámbitos.


Lo que no significa que en la pareja se tenga que decir todo, todo (porque realmente la mujer no dice todo). ¿O no?.


jueves, 15 de octubre de 2009

El Engaño


Hace ya tiempo que me produce curiosidad una característica del ser humano: el engaño.


Esa curiosidad es debida a que siendo algo habitual y de uso corriente -en algunos ámbitos más que otros-, las sociedades, y las personas que las formamos, han estigmatizado y perseguido este tipo de comportamientos en pro del equilibrio social, el progreso y el desarrollo del ser humano.


Con todo, y pese al avance de la civilización, no se puede decir que se halla conseguido un gran avance en este aspecto. Y me viene una cuestión a la mente ¿Para que el engaño?.


Para empezar a tirar de algún hilo, consulto del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. El vocablo "engaño" te remite a "engañar". De esta última palabra se dice en una de sus acepciones:


"Inducir a alguien a tener por cierto lo que no lo es, valiéndose de palabras o de obras aparentes y fingidas"

De esta no podemos deducir causalidad... pero, hay otra que dice:


"Cerrar los ojos a la verdad, por ser más grato el error"

Aquí si se puede percibir una causa, ".. por ser más grato el error". Se entiende que se cae en el engaño, así mismo o a otros, por una recompensa gratificante.


¿Que produce en este caso la gratificación? Posiblemente la causa es... para no hacer frente a la verdad sobre algo o alguien, que se presupone, debe ser más ardua y dura.


Y bien, si esto fuera así de simple, ¿Por que no engañarse permanentemente, sin cargo de conciencia, y sin estigma social o personal? La respuesta nos remite al inicio de este artículo. Para poder tener equilibrio social, progreso y desarrollo del ser humano.


La verdad, si la tomamos en términos absolutos puede llegar a perder sentido, pues siempre habrá una teoría o formula científica que la cuestione aunque sea a nivel de física cuántica. Para poder transitar en común con este concepto, nos referiremos como verdad en términos relativos, es decir, circunscribiendola al ámbito de referencia. De esta forma tendremos verdades científicas cuando han sido demostradas y probadas en laboratorios, verdades legales cuando han sido previamente legisladas, verdades sociales cuando han sido plenamente aceptadas, etc...


Existe en todo caso una verdad en el ámbito de la propia persona que no varía con el tiempo. Esta es la forma en la que nos comportamos y, para que lo hacemos. Y en este mundo interior y personal el engaño toma una dimensión diferente. En este caso, el engaño es ese elemento del comportamiento humano que distorsiona nuestro caminar por la senda de la integridad.


La integridad nos mantiene equilibrados y centrados en la positividad, o también en la productividad de nuestras vidas, y en el marco que supone darle un sentido a nuestra vida.


El engaño, incorporado a nuestro comportamiento pretendiendo un fin gratificante, tiene un carácter claramente destructivo. Por que ...


¿A quien engañamos, cuando engañamos, sino a nosotros?


Cuando se engaña a alguien, se provocan dos situaciones distintas:

  1. Decir a hacer algo que pretende, mediante la mentira, la obtención de un objetivo.

  2. Aunque esta es la parte practica del asunto, y aunque se consiga (o no) el objetivo, no deja de ser penoso conseguirlo sin haber llegado a el de forma positiva y abierta, es decir, sin haber ejercido la satisfacción del trabajo bien hecho.

  3. Utilizar un medio (la mentira) que inhabilita para ser responsables.

  4. Cuando se entra al uso del engaño como medio para obtener algo, se pasa a ser siervo del mismo, pues si lo que se quiere pretender es la obtención de una "recompensa gratificante" evitando las consecuencias (se supone que penosas) de la verdad, la ruptura de las reglas del juego pervierte la escena y escatima a la persona la libertad de elección, pues cada decisión que se toma a partir de ese momento no podrá ser en referencia a la "mejor opción", sino en referencia a "no destapar el engaño". Dicho de otra forma, no se asume la responsabilidad de obrar correctamente, por lo cual, se abdica de la responsabilidad, y se pasa a depender de las consecuencias que originan el engaño.


La expresión "es esclavo de sus mentiras" no nos es del todo extraña. Cuantas veces siendo niños hemos apreciado las desastrosas consecuencias finales de una mentira que, queriendo evitar un rapapolvo o un castigo, han acabado con un estado de permanente zozobra por el miedo a ser descubierto, cuando no, con un castigo mayor al destaparse la mentira (pues todo mentiroso acaba por ser descubierto, antes o después).


Y del autoengaño ¿Que?.. bien, eso será motivo de otra reflexión.


lunes, 21 de septiembre de 2009

Variabilidad versus Flexibilidad


Más a menudo de lo que sería razonable me encuentro con personas que confunden estos dos vocablos. Como en muchos aspectos de nuestra vida, manejar ciertas palabras o tener las capacidad de expresarlas, no presupone que se conozca en realidad lo que dichas palabras significan.


Aunque, si lo pienso un poco mejor, no es un problema de uso correcto o incorrecto de las palabras, es un problema de interpretación de lo que es conveniente o inconveniente hacer en un momento dado.


Viene esto a colación porque hace poco una persona me ha comentado lo que viene haciendo respecto a un aspecto de su vida que le preocupa. Si bien, no es la primera que observo que se comporta así, he creído que el número de veces que he visto repetido este comportamiento, merezca un poco de reflexión.


Está persona estaba intentando conseguir un objetivo. Este se le resistía, no tanto porque no pusiera suficiente empeño, que lo ponía, sino porque lo quería obtener habiéndose previamente impuesto una serie de condiciones para sí misma, que en ningún caso llegaría a sacrificar. En una situación como esta, lo habitual es que si lo que quieres obtener es muy importante para ti, no escatimes medios y hagas ciertos sacrificios con el fin de obtener lo deseado. Pero claro, sin pagar ningún precio, es difícil (aunque no imposible), conseguir los objetivos.


Como el objetivo se le resistía sugerí que una posible manera de obtenerlo sería si “flexibilizaba” su rígida lista de condiciones (la cual por otra parte no obedecía especialmente a su sistema de creencias, más bien al sistema de creencias de personas de su familia).


Lo más asombroso del asunto es que pasado un tiempo se encuentra en la misma situación, pero me dice que la “flexibilización” no ha dado resultado. Revisando los pasos que ha seguido, me doy cuenta que lo que realmente ha hecho es cambiar su rígida lista de condiciones por otra rígida lista de condiciones. Realmente el problema de esta persona es que se impone unos condicionantes de vida que la mantienen permanentemente asfixiada (porque en el fondo no son condiciones que emanen de ella). Lo que esta persona a hecho es una variación de sus condiciones, no una flexibilización.


También significa que las condiciones fruto de “sus” creencias no eran tan “suyas”, puesto que no ha tenido inconveniente en suprimirlas y cambiarlas por otras (que seguramente ha recogido de otra u otras personas de su entorno).


La flexibilidad es una característica que supone el mantenimiento de lo existente pero perdiendo la rigidez inicial. El ejemplo del junco (de un proverbio del Talmud judío), como planta que no se troncha ante el embate del viento, es muy expresivo. Un junco es un junco, aunque (o precisamente porque..) se dobla si el viento lo empuja.


Nadie debe cambiar sus creencias (si es que son realmente suyas, y son positivas y potentes) para conseguir un objetivo, pero puede flexibilizarlas si piensa que es un justo precio a pagar. Eso no le impide seguir siendo la misma persona.


jueves, 9 de julio de 2009

Eficacia, Eficiencia o Efectividad


Si reparamos en estos vocablos podremos comprobar que habitualmente se utilizan de manera indiscriminada y que su uso, en la mayoría de los casos, no es el correcto.

Para concretar el tema, antes que nada tenemos que poner en común su significado. Esto es algo que en la mayoría de los contextos suele dar resultado (ver de que hablamos, antes de hablar, sin saber de que hablamos), y aquí no tendría porque ser una excepción.

Voy a trascribir un resumen de lo que indica el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, y de otras definiciones que fluyen por la red (algunas bastante profundas):

  • Eficacia. Dicese de la potestad de obtener objetivos.
  • Eficiencia. Dicese de la potestad de obtener objetivos con el menor consumo posible de recursos.
  • Efectividad. Dicese de la magnitud de los objetivos alcanzados o de los efectos conseguidos (en cantidad).

Y ahora va mi ampliación con ejemplos.

Eficacia hace referencia a que los objetivos se cumplan (o no) sin entrar a evaluar los medios utilizados. Dos ejemplos de Eficacia:

  1. María Rosa ha conseguido el 100% de sus objetivos de ventas para el trimestre. María Rosa es por tanto Eficaz.
  2. Ramón mata las moscas que se cuelan en su casa, a cañonazos. Y lo consigue. Ramón es Eficaz.

Como veréis el medio a utilizar no importa en este contexto, es decir, a priori no es motivo de discusión.

Eficiencia se centra en el modo en el que se han conseguido esos objetivos, de tal guisa, que si el uso abusivo e indiscriminado de recursos es la forma de obtener los objetivos deseados, entenderemos entonces que 'No es Eficiente', y si estos se han obtenido con el uso mínimo y preciso de recursos, entendemos entonces que 'Si es Eficiente'. Podemos abundar, entonces, que Eficiencia tiene una connotación económica. Un par de ejemplos:

  1. Alejandra se ha sacado el carnet de conducir con solo cuatro clases teóricas, dos practicas y a la primera (vamos, un portento). Alejandra es Eficiente.
  2. Manuel hace la compra semanal para la familia de cinco componentes, con 10 euros (vale como ejemplo, pero vamos, eso no se lo cree ni el). Manuel es muy (pero que muy) Eficiente.

Efectividad tiene relación más con Eficacia que con Eficiencia, pues mide el grado de cumplimiento de los objetivos deseados, de lo que deducimos que en este vocablo tampoco estamos interesados en los medios utilizados. Nemotecnicamente asociamos esta palabra con el efecto producido (en cantidad, no en calidad). Decimos, por ejemplo:

  1. "El anuncio de la campaña de invierno tuvo una efectividad del 50 %”. Es decir, se consiguió el objetivo en un 50 %. Entonces podríamos añadir que esta campaña no es muy Efectiva.
  2. "La efectividad de las medidas tomadas no soluciono el problema". Aquí la Efectividad es cero, es decir el nivel de efecto es nulo.

Después de esta retahíla de declaraciones y puestas en común vamos a sacar conclusiones. ¿Que es más interesante? ¿Ser Eficaz? ¿Ser Eficiente? ¿Ser Efectivo?

Depende del contexto en algunos casos será mejor una cosa que otra, si bien, “Ser Eficaz” y “Ser Efectivo” es casi lo mismo, con lo que debemos formular de nuevo... ¿Que es más interesante? ¿Ser Eficaz? o ¿Ser Eficiente? Pues sin lugar a dudas, la mezcla de ambos. Me explico. Si solo somos Eficaces significa que estamos dejando de lado el coste a la hora de obtener objetivos, y esto no es una cuestión menor, pues conseguir objetivos con mucho coste nos lleva a la ruina (personal, financiera, familiar). Si solo somos Eficientes, conseguiremos los objetivos que nos permitan los costes, claro que, como los costes siempre parecen excesivos, con el animó de ajustarlos, estaremos menguando los objetivos.

La formula ideal, para mi, es está: Eficacia + Eficiencia = 100% de los objetivos = Coste razonable Desde el punto de vista estrictamente de la persona, la consecución de nuestros objetivos personales, empresariales, laborales, familiares, etc... SOLO es aceptable si sus costes son razonables (sin impacto negativo en la familia, sin mengua significativa del patrimonio, sin detrimento de la salud, sin menoscabo de la dignidad, etc.).

Esto en un proceso de coaching se conoce como “Estudio de la ecología de los objetivos” (entendiendo aquí como 'ecología', el impacto que un objetivo deseado puede tener en nuestras vidas).


miércoles, 27 de mayo de 2009

Relacionarse con


Describimos aquí “relacionarse con” como el modo de vivir con su medio ambiente y consigo mismo, que tiene cada persona.

Decimos en ocasiones que tal persona “se relaciona con ...” cuando también podríamos decir “como percibe” o “como vive”.

Este enfoque es interesante pues denota a priori, que esa relación puede existir, o no existir (mejor dicho, se puede dar, o no), y también que en caso de que exista, que hay diferentes maneras de llevarla a cabo.

Un ejemplo. Vamos a analizar como una persona, llamemosla Ana, “se relaciona con su pasado”.

De esta forma de expresarnos sacamos las siguientes conclusiones:


  1. Que Ana tiene un pasado (obvio)

  2. Que puede querer “relacionarse”, es decir, rememorarlo (o lo que es lo mismo, traerlo a la memoria)

  3. Que puede no querer “relacionarse”. Es decir, que aun teniendo pasado, decide no rememorarlo.

  4. A partir del caso (b) puede elegir hacerlo desde diferentes puntos de vista. Estos pueden ser...

    • De forma positiva

    • Creativa

    • Negativa

    • Con pesar

    • Con alegría

    • Con remordimiento

    • Con añoranza

    • Con asco

    • Otras



En definitiva, puede “relacionarse” a través del filtro de una emoción.

Es necesario aquí diferenciar lo que es una mera rememoración, que lo único que aporta son datos (es decir, información), de lo que es su interpretación (“relacionarse con”), en la cual intervienen y aparecen las emociones.

Siguiendo con el ejemplo, Ana recuerda que un día estuvo en la playa con sus padres y hermanos cuando tenía siete años de edad, cerca del pueblo de su abuela materna. Hasta aquí son solo datos.

Seguidamente aparece la emoción de alegría y añoranza, pues recuerda que se lo paso muy bien y que fue un día especialmente feliz de su niñez. Si sigue profundizando en los detalles de su memoria con respecto a ese día, se acuerda de que perdió un prendedor de pelo al que tenía mucho apego. Aparece aquí el sentimiento de perdida.

Esto nos hacer ver que Ana se “relaciona con” su pasado de varias maneras, dependiendo del momento exacto que le venga a la memoria. Si la mayoría de los recuerdos tienen un “filtro” parecido, entonces Ana se relaciona con su pasado, generalmente por medio de ese “filtro”, es decir, de esa emoción.