jueves, 16 de septiembre de 2010

Septiembre


Hay dos momentos de carácter anual que nos sirven, o nos incitan tal vez, a hacer cambios en nuestras vidas: el cambio de año y la vuelta de las vacaciones.

En el primer caso es coincidente para todo el mundo, pues el año cambia para todos a la vez. En el segundo caso, por mayoría, este momento se da en el mes de Septiembre.

El compromiso de cambio al pasar de un año a otro se produce por que asumimos que se acaba un periodo y empieza otro, lo que nos invita a depositar en el año que acaba, aquellas cosas que no nos gustan, y a su vez nos propone iniciar aquellas que nos parecen necesarias, para el año que empieza.

El retorno de las vacaciones “grandes”, aquellas en las que acumulamos más tiempo fuera de la rutina diaria, nos trae un montón de nuevas ideas, las cuales hemos ido iniciando y asentando durante nuestro periodo de vacaciones.

Pero ¿A que se debe que vengamos con ideas de cambio cuando volvemos de vacaciones?

Básicamente a varios factores principales, y que ordeno por importancia, según mi criterio:

  • Pasamos más tiempo con nosotros mismos, es decir, tenemos más tiempo para pensar
  • Se dan situaciones especiales que no se dan el resto del año
  • Conocemos a otras personas u otras formas de vivir
  • Pasamos más tiempo con familia y amigos
  • La tranquilidad y el relax (lo que también podemos apuntar como falta de prisas o de agobios) nos hacen ver las cosas de otra manera
  • El desplazamiento a otro punto geográfico
  • El cambio de la pauta horaria
  • Otras de carácter minoritario

En resumen, llegada la tan famosa “vuelta de vacaciones” por aquello del estrés post-vacacional, la mayoría de la personas se ha propuesto algo que piensa mejorará su vida.

Desde una simple limpieza del trastero, hasta el cambio de profesión, pasando por un compromiso de boda, un divorcio, la puesta en marcha de un negocio o el cambio de los muebles del salón.

Lo curioso es que en muchos casos las decisiones tomadas, no obedecen en sí a una necesidad concreta, sencillamente son reflejo de la necesidad de cambio (a mejor) que nos asalta cuando hemos podido encontrarnos con nosotros mismos (y nuestra circunstancia).

Realmente tenemos propósito de mejora y en muchos casos lo llevamos a cabo de forma más o menos ordenada, cambiando nuestro entorno porque pensamos que es lo que necesitamos.

En el fondo, esa necesidad de cambio que nos acomete solo se podría satisfacer plenamente si dicho cambio se produjera en nosotros. Con ello eliminaríamos nuestros enfoques mezquinos o acomodaticios, los malos hábitos, las creencias que nos arruinan la vida, el descontrol sobre nuestra vida, etc.

Pero claro, como pasa en muchos (demasiados) casos, se asocia la suerte y el destino con la manera de comportarse, creyendo que ambos son consecuencia de la “personalidad”, cuando en realidad esa “personalidad” es un montón de manías, creencias caducas, hábitos negativos y poses artificiales.

Pero sobre la “personalidad” falsa hablaremos en otra ocasión.


jueves, 22 de julio de 2010

El ejemplo de la Roja

Desde el momento que la selección española de fútbol se ha alzado con el título de Campeona del Mundo, he ido recogiendo opiniones de muchas personas, no relacionadas directamente con el mundo del deporte o con el periodismo, y prácticamente todas coincidían en resaltar la manera de ganar el Mundial.

¿Y como calificaron esa "manera"? Pues la calificaron como "vistosa", auténtica", "elegante", "bonita", "precisa", etc... En definitiva, expresaron que la selección de España no solo consiguió nominalmente el título, sino que consiguió, también, mostrar el resto del mundo como ganar jugando bien (lo que los brasileños llaman "jogo bonito"), y que para todas aquellas personas (españoles o no) que estaban al lado de la selección, ha sido un motivo de orgullo.

Además, para todo el mundo ha sido una lección positiva.

Esto me llevado a reflexionar sobre las claves de este caso, que paso a describir:

  • Confianza
  • Desde que la selección ganó en la pasada Eurocopa el partido ante Italia, se rompieron tres barreras psicológicas...
    1. Por fin pasamos a cuertos de final
    2. Por fin ganamos en los penaltis
    3. Por fin ganamos a Italia
    Esto a supuesto que, vencidas las creencias limitantes en la historia de la selección española, la sensación de poder obtener el máximo objetivo a cundido entre los jugadores, lo cual se ratificó en los partidos amistosos anteriores al Mundial, ganando a selecciones de alto nivel.

  • Trabajo
  • Como no puede ser de otra forma, nada se consigue sin esfuerzo. Sin venir a cuento la cantidad necesaria de esfuerzo, pues esto varía con cada caso, la necesidad de prepararse, planificar, estudiar técnicas, tácticas, mejorar el estado físico, en resumen, dedicarle horas y horas al objetivo, da como mínimo un resultado más que aceptable.

  • Humildad
  • Empezando por el entrenador (o es posible que gracias a el), siguiendo con el cuerpo técnico y acabando con los jugadores, la actitud tomada a sido la de respeto (no miedo) por el contrario y absoluta falta de prepotencia. Poniendo el énfasis y la energía en la preparación mental propia, y evitando especular sobre los rivales, se consiguieron dos cosas, pasar (relativamente) desapercibidos y centrar la atención (propia y de los medios de comunicación) en el objetivo que era ganar a los rivales, nada más.

  • Concentración
  • Si el objetivo era uno, había que centrarse a partir del final de la Liga Española en conseguirlo, para lo cual, lo primero, es concentrarse física y emocionalmente en el mismo. En este punto, se puede decir, que casi como la mayoría del resto de los equipos.

  • Trabajo en equipo
  • Un detalle a destacar es que en la vuelta de la Eurocopa, España entera descubrió que la selección nacional, además de un grupo escogido de deportistas del balón, eran también un grupo de amigos y una "piña" para lo que fuera. En este caso la labor de los porteros, Iker casillas como capitán, y sobre todo Pepe Reina, ha sido fundamental, pues en base a bromas, charlas internas, y otros elementos han conseguido hacer un grupo muy cohesionado y equilibrado.

  • Secuencialidad
  • Para conseguir un gran objetivo, la mejor manera es dividir el camino a recorrer en metas intermedias. La consecución del título mundial se ha conseguido considerando que, a partir del partido contra Suiza, cada partido era una final, tal y como lo expresaron el entrenador y algunos jugadores. Consiguiendo cada objetivo intermedio se conseguía el objetivo final.
    También es importante reseñar que el equipo se centraba solamente en la superación del siguiente partido, y no pensaba en los demás, para no perder concentración ni energía.

  • Mentalización
  • La labor del entrenador y de otros técnicos que le asistían, ha consistido en mentalizar a la plantilla de cual era el objetivo, de como conseguirlo, del uso de la deportividad y el juego limpio, de la importancia del juego de grupo sobre el juego individual, etc...

  • Oportunidad
  • Tanto en la pasada competición entre selecciones, también celebrada en Sudáfrica, en la cual se perdió contra Estados Unidos, como en el primer partido contra Suiza, se indico por parte del seleccionador que había que tomarse ambos partidos como una "buena oportunidad para mejorar". Esta es la forma positiva de entender los problemas: no dejándose arrastrar por ellos, entrando en el desánimo y el fatalismo, sino tomándolos como unos "dolorosos" consejos de los cuales sacar conclusiones positivas. Como así se hizo.

  • Autenticidad
  • Aun en los momentos de duda, sobre todo después del partido contra Suiza, la selección no ha perdido su sistema y a continuado con la misma forma de jugar que la hace diferente y especial, de la cual tiene numerosas muestras de validez desde hace aproximadamente tres años, que es cuando se empezó a consolidar el actual grupo de jugadores bajo la batuta de Luis Aragonés.
    Mantener la personalidad en la forma de actuar, sabiendo que dicha formula esta probada y es efectiva, es fundamental ante la consecución de cualquier objetivo.
    Ser uno mismo, sin dejarse influir por modas o tendencias, es casi siempre una factor de éxito.

martes, 15 de junio de 2010

El juego de la vida

Decía Josh Billing (un humorista estadounidense del siglo XIX) que "La vida consiste no en tener buenas cartas, sino en jugar bien las que uno tiene".

¿Cuanta gente hay esperando buenas cartas y que por ello no juegan? ¿Cuantos hay, que como no han recibido una buena mano, se han retirado de la partida?

Bien visto jugar una partida de cartas es como vivir. Se entra en la partida (nacer) y te dan una mano de cartas (tus recursos naturales), juegas contra otros (tus miedos, tus limitaciones), puedes seguir jugando mientras tengas con que apostar (mientras mantengas tu salud y dure tu vida), y tienes que descartarte, apostar o no ir en esa vuelta (tomar decisiones). Al final puedes ganar o no ganar, pero si has administrado bien tus cartas y tus recursos, puedes volver a intentarlo.

Lo que impresiona de este símil es comprender que esperar “las mejores cartas” es como esperar conseguir objetivos (o felicidad) por medio del azar. Algo totalmente improbable, que puede, a la persona que así piensa, mantenerla en un modelo de vida "vegetativa", entreteniendo su conciencia, evitando que tome las riendas de su destino, es decir, evitando jugar sus cartas.

Y tu ¿Como juegas tus cartas? (si es que las juegas).

martes, 25 de mayo de 2010

El valor y el precio

Decía Antonio Machado... "Todo necio confunde valor y precio".

VALOR

Podemos limitarnos al entorno de lo económico, pero realmente donde esta máxima tiene una aplicación más consistente es en el entorno de la vida personal. Más concretamente en la valoración como potestad de las personas para entenderse con su entorno.

Cuando conocemos algo habitualmente le damos un "valor". En principio, este valor no es objetivo ni cuantificable. Suele ser una medida personal relacionada con la "escala de valores" que cada persona se va formando durante el transcurso de su vida. Es algo así como el sistema métrico decimal individual e intransferible; la lista de lo que para cada uno es valioso, y lo que no lo es.

Ya desde nuestra infancia, deseamos algo porque nos resulta valioso o lo despreciamos por lo contrario. Por ejemplo, un niño de pocos años ante un juguete se plantea varias posibilidades lúdicas y de aprendizaje, por lo cual, ese objeto pasa a tomar un alto valor para el. ¡OJO! No es que el niño haga esto de forma consciente, lo hace de forma instintiva movido por sus mecanismos de crecimiento. Este funcionamiento se basa en procesos de recompensa. Cuando el niño se divierte se ve recompensado en su cerebro por sensaciones placenteras, entonces relaciona ese objeto con la sensación de placer. En su desarrollo este niño prefijará esta relación e ira dando forma a su "escala de valores" básica que ira completando con otras "valoraciones" ya no meramente físico-emocionales.

Más adelante se integrarán valores estructurales obtenidos directamente de sus padres. A continuación vienen los valores sociales desde el entorno familiar (hermanos, abuelos, otros familiares) o desde el entorno escolar (profesores y compañeros).

En última fase se incorporan valores intelectualmente complejos fruto de la elaboración de teorías en base a experiencias y conocimientos

PRECIO

El precio, en principio, no tiene que ser explicado, aunque, por poner en común denominador, veamos que dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. En su acepción primera es "Valor pecuniario en que se estima algo".

De lo cual podemos deducir que el precio es un valor más; uno de tantos. Que es un valor cuantitativo (de cantidad). Que no es un valor personal, o dicho de otra manera, humano. Este concepto está relacionado con las cosas.

CONCLUSIONES

Extraigo dos conclusiones principales:
  • Que las personas tienen valores, pero las personas no son sus valores, ni solo un valor, por lo tanto, las personas ni son, ni tienen precio.
  • Que cada cosa puede tener el valor que queramos darle (mucho, poco, nada) dependiendo de cada valoración subjetiva, y también, puede tener el precio que queramos darle (en euros, en dólares o cualquier sistema monetario), pero ambos conceptos no son correlativos, pues si el precio es posible acordarlo entre muchas personas, el valor que cada persona le da a una cosa es tan diverso como personas hay.

¿Y sobre aquello que no son personas o cosas (la justicia, el amor, la libertad)? ¿Tienen precio? ¿Tienen valor? … pero esto ya es otra reflexión.

lunes, 26 de abril de 2010

Fanatismo y cambio

Fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema.

Winston Churchill

Me llama la atención profundamente esta máxima de Churchill sobre todo por un matiz que considero revelador. Se trata de la expresión "no puede".

No soy partidario de considerar que una persona no pueda cambiar de opinión. Creo firmemente por razones lógicas y empíricas que el cambio en las personas es natural y permanente. Por lo tanto también creo que la persona que no cambia es porque está haciendo el esfuerzo de mantener inamovible una postura, idea o comportamiento a lo largo del tiempo. De forma natural, vivir supone una constante y silenciosa evolución, que implica, no solo a nuestro soporte material -el cuerpo humano- sino también a nuestra mente. Tal es así que no entenderíamos (no entendemos) que una persona de cuarenta años piense como un adolescente de quince, excepto si es causa de alguna cuestión patológica. Normalmente cada etapa de la vida conlleva una determinado enfoque vital acorde con las naturales pulsiones de desarrollo y supervivencia, en unos casos más acusadas y en otros menos. Para eso están las hormonas, las encimas y otros tipos de mecanismos biológicos que conforman los comportamientos y los mediatizan.

Ahora bien, está definitivamente demostrado que la influencia de la química de nuestro cuerpo y su influencia en nuestro cerebro, y por consiguiente en nuestro comportamiento y percepción del mundo, tiene también recorrido en sentido contrario. Las percepciones, la interpretación de la realidad y las vivencias que una persona tiene desde su nacimiento, influyen en el organismo de esa persona; esto es algo que conocemos como somatización.

Retomando el tema inicial del "no puede", abundo en dos aspectos.

  • Si realmente me llamó la atención esta frase es porque la primera vez que la leí mi mente me jugó una mala pasada y su lectura fue "Fanático es alguien que no quiere cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema". Debió de ser a causa de que la interpretación objetiva que apliqué entonces no terminaba de convencerme y mi subconsciente decidió "aclarármelo". Después, a sabiendas de que alguna pieza no encajaba, volví a releer la frase, ya sin distorsión. Mi conclusión es que el hombre, sí puede cambiar de opinión (como ya dije antes), pero entonces Sir Winston, debía de referirse a la imposibilidad de cambio por razón de la sociedad, la familia y sobre todo, del miedo.

  • Cualquier cambio, del tipo que sea, tiene un fin primigenio que es el de evolucionar "a mejor". Es por ello que la naturaleza del hombre le empuja a desarrollarse cambiando, dejando lo que no sirve y añadiendo lo que sirve. Es nuestro destino natural. No seguir en esta línea nos lleva al estancamiento, y por ende, a la decadencia o degradación. En este último caso es cuando se produce lo que podríamos llamar, "un cambio a peor". Por ello, si no queremos decaer, debemos asumir los cambios con naturalidad, y si esto nos produce vértigo o inestabilidad –algo que es normal e inherente a los cambios-, tendremos que hacerlos, sobre todo, con cabeza, y llegado el caso, con asistencia de alguien que nos pueda ayudar.

jueves, 25 de marzo de 2010

El Problema


Hace un tiempo, me comentaba una persona la mala suerte que creía tener en la vida pues repetidamente se le daba una situación, y repetidamente volvía a hacer lo mismo, con el mismo resultado desastroso. Su punto de vista se basaba en la mala suerte, es decir, que si la vida fuera una partida de cartas, a esta persona siempre le daban malas cartas.


Después de varias sesiones de coaching, empezó a tomar en consideración la posibilidad de que la repetición de ciertos comportamientos fuera la causa de los resultados desastrosos. Fue entonces cuando en un momento de paciente meditación, me dijo:


- … esto me hace pensar que el problema soy yo.


La reflexión que propuse fue esta:


- Si, exactamente. Eso es del todo cierto. Ahora bien, te voy a dar dos noticias. Una buena y una mala. Empecemos por la mala...


… tú eres el problema para casi todas las cosas de tu vida que se refieran a ti.


Ahora la buena...


… afortunadamente, si tú eres el problema, eso te da la posibilidad de solucionarlo.


Para no dejar esto en barbecho, vamos a profundizar un poco más en estas aseveraciones.


Podemos afirmar con rotundidad que la libertad de acción (LdA) y la libertad de pensamiento (LdP), son bastante desiguales. La primera está mucho más restringida que la segunda, digámoslo así, por razones físico-químicas. Seguramente mucha gente piensa que de la primera -LdA- no hay casi y que de la segunda -LdP- sobra. Seguramente pensarán también, que teniendo mucho de la segunda y poco de la primera no hay posibilidad de progresar o de tomar las riendas de la vida. Pensarán, también, que si sus opciones de acción son limitadas por causa de falta de recursos, de imposiciones externas o de otras razones, poco pueden progresar. Esto les lleva a tirar la toalla y a no plantearse escenarios no conocidos. Es decir, no plantearse cambios.


No es fácil hacer ver a alguien más allá de su entorno. Esto puede pasar a causa de la comodidad, el miedo, la ignorancia o la pérdida de interés. En esta situación, la persona da por "buena” su limitación de acción. En cambio, en la gran mayoría de los casos, no cree que esta limitación pueda estar en sus creencias, en sus puntos de vista, en su manera de ver el mundo y de interpretar lo que le rodea. Esto hace desarrollar en esa persona un mecanismo de defensa. Para ser coherente con su asumida limitación de acción, lo que hace es externalizar el problema, es decir, achaca a factores fuera de su voluntad esa falta de libertad de acción. Piensa en consecuencia que el problema no está en él, no es él, el problema está en... el otro, o los otros, el gobierno, el mercado, la familia, el jefe, la empresa, el tráfico, la sociedad, etc..


Gracias a ciertas terapias de desintoxicación, y en concreto con el método de Alcohólicos Anónimos, podemos conocer un caso práctico. Como sabe casi todo el mundo, sobre todo por la televisión o el cine, los componentes de los grupos de terapia de A.A., inician su turno de palabra con la siguiente presentación "soy Fulanito/a de Tal, y soy alcohólico/a”.


Son estos métodos de desintoxicación donde se vio la necesidad de hacer entender que para acometer con un mínimo de éxito la solución a un problema personal –de la persona- el primer paso que había que dar era reconocerlo como propio, hacerse uno con el problema y así evitar ponerlo en el exterior, como si el problema fuera de otros, o del ambiente.


Esto tiene otra función. Al reconocer el problema como propio, se asume implícitamente que la solución es de la propia persona. Claro, con ayuda, apoyo y supervisión, pero aceptando ser el protagonista de la búsqueda y resolución del problema.


Curiosamente esto provoca otra situación paradójica, asumir que se tiene libertad suficiente –lo que a veces es bastante- para elegir otras acciones o posibilidades, y optar por ellas, y no por los ya conocidos caminos que llevan al fracaso o a la decadencia.


Podemos de esta forma resolver, que asumir nuestros problemas, nos hace ser responsables de ellos, es decir, de nosotros. Ser responsables nos transforma de tal forma, que nos hace resolver nuestros problemas –o acaso precisamente por eso. Esto supone elegir mejores opciones. Elegir, entonces, nos induce a ser libres.


miércoles, 24 de febrero de 2010

El Poder de la Palabra ( y III )


Los formatos interpersonal e intrapersonal son a fin de cuentas, los dos tipos de comunicación que tanto el consciente como el inconsciente tienen con el mundo

De ambos se enriquecen las personas, pues son la base del aprendizaje de habilidades, de la obtención de conocimientos, de la obtención de sensaciones y de la elaboración de los propios patrones e ideas.

Ahora bien, siendo todo lo anterior positivo en si mismo, es necesario un factor determinante para que la persona que ya ha obtenido esas cualidades (habilidades, conocimientos, sensaciones e ideas) pueda hacer con ellas algo positivo para si y para el mundo que la rodea.

Este factor determinante es el equilibrio entre el consciente y el inconsciente.

Se entenderá mejor con varios ejemplos.

  • Seguramente el lector de este artículo conoce a alguien que siendo titulado superior, con amplios conocimientos académicos, con cultura y habiendo podido acceder a una educación amplia, es una persona sin éxito en la vida o incluso, con un alto grado de fracaso personal o profesional.

  • Otro ejemplo. Noticias recientes en las cuales una persona asesina a otra por razones varias (que no vienen al caso); entonces un reportero de televisión pregunta a las personas de su entorno por la posible “causa” del asesino, y estas contestan sin dudarlo “quien lo iba a decir, con lo educado/a que era” o “si era una bellísima persona”. Atención, lo que antes era ahora ya no lo es.

  • Un último ejemplo. Un padre de familia que tiene un trabajo aceptable, con un sueldo aceptable, una familia corriente con sus problemas corrientes, pasado un tiempo y en un momento dado, por razón de algún detonante sin importancia (una gripe, que su equipo perdió la liga, una discrepancia sobre donde ir de vacaciones, etc.) decide romper drásticamente con esa vida y se “traslada” sin decir nada ni a nadie para empezar una nueva vida. Lo que popularmente se decía “me voy por tabaco”.

El nexo común en estas situaciones no está en la casuística, pues es evidente que son reacciones muy distintas, está en el desequilibrio consciente/inconsciente de las tres.

En todos estos casos, la preeminencia de uno sobre otro producen a medio o largo plazo el conflicto que provoca en algunos casos el desastre personal, en otros la infelicidad y en la mayoría el desasosiego.

Y ¿Esto por que? Veamos.

  1. Si el consciente predomina sobre el inconsciente, a priori, no tiene que haber problema; la persona se comportara de manera reflexiva, muy racional y con todos los pasos de sus vida muy calculados, pero esto puede tener dos consecuencias negativas:

    1. Si se mantiene en esa línea de por vida, excesivamente rígida, la convivencia con otras personas se llegar a hacer muy complicada. Incluso para convivir con ella misma pues permanentemente tendrá que estar reprimiendo sus deseos y necesidades lo que la lleva a un estado de permanente ansiedad.

    2. Llegado un momento de su vida la “represión” permanente del inconsciente hace que este explote de la manera menos esperada y de forma; casi siempre, desgraciada.

  2. En este segundo caso la libertad de acción del inconsciente, hacen que la persona sea poco reflexiva, muy dada a decir o hacer lo primero que le apetezca o le venga a la mente. En este caso también puede haber varias consecuencias:

    1. Este tipo de persona tendrá desordenes de comportamiento, de relación con su entorno, pero podría mantener una normalidad de vida si encuentra personas y entornos que le consientan y le justifiquen esos comportamientos.

    2. Si no encuentran entornos propicios para su comportamiento antes o después acaban por marginarse (esto no significa que tengan que llegar a la marginación social extrema como la mendicidad, aunque también), o por caer en consumos autodestructivos.

Como en la mayoría de las cosas en la vida, el punto idóneo esta en el equilibrio, y este no significa que la preponderancia psíquica de una persona este repartida al 50% entre consciente e inconsciente.

¿Pero como? Ajustando cada poco tiempo el equilibrio entre sus dos yoes para que el sujeto sea capaz de variar sus comportamientos y creencias en relación con cada situación en la que vive, teniendo como fin principal hacer lo mejor para ella y para su entorno.

En definitiva, asumir positivamente el cambio y adaptación a la circunstancias de manera permanente.

jueves, 28 de enero de 2010

El Poder de la Palabra ( II )


Los diferentes formatos de lenguaje intrapersonal se intercalan con los formatos de lenguaje interpersonal, que se pueden resumir en:


  • El diálogo equilibrado, donde dos o más personas se expresan, a la vez que escuchan, alternándose en escuchar y hablar (uno habla y el/los otro/s escucha y viceversa).

  • En este sistema, si esta equilibrado, intervienen básicamente los conscientes de las todas las personas, quedando sus inconscientes en labores de apoyo en las cuales se da una cierta intervención, ajustando contextos del dialogo, creando la empatía necesaria para la evolución del dialogo, avisando en segundo plano con notas emocionales o sacando de la memoria sensaciones y datos necesarios para la conversación.

    Igualmente, los inconscientes se encuentran en ese momento receptivos, en mayor o menor medida, respecto a la información que les llega, la cual entra de manera elaborada por el propio dialogo y por el consciente (es decir, el mensaje final que se guarda se va depurando durante la conversación por parte del consciente).

    Un ejemplo de este formato sería la conversación fluida y creativa entre dos o más personas.


  • El diálogo desequilibrado, donde dos o más personas se comunican a la par que escuchar, pero la alternancia se ve alterada o anulada, ya sea porque se ha roto formalmente o porque uno (o varios componentes del dialogo), no escucha a los otros sino que escucha a su inconsciente.

  • De esta forma se introduce dentro de este dialogo multilateral, el dialogo interior, de una o de más personas, lo que provoca que la emisión del mensaje se realice, pero no la recepción por parte de otro u otros receptores . En este momento el inconsciente del receptor “rebelde” a tomado el mando y no permite la entrada de información, pues ha decidido que no es necesaria o que es incluso perjudicial. Como mucho, tomara aquella información que refuerce y consolide su propio criterio.


    Por ejemplo, una discursión entre una pareja.


  • El auto dialogo, es cuando la persona que está enviando un mensaje, se escucha a si misma.

  • Puesto que en la preparación y envío de mensajes hay una labor consciente y otra inconsciente, quedando la parte consciente encargada de la emisión física del mensaje, la parte inconsciente escucha indirectamente lo que se está emitiendo, y como no tiene a priori motivo de rechazo ante un enunciado creado por si mismo, “recibe” sin filtros ni censuras aquello que se esta emitiendo hacía el exterior. Este mecanismo es muy interesante pues produce el refuerzo y rehubicación en el inconsciente de las creencias y postulados transmitidos, cuya conclusión es que las personas se creen sus propias mentiras o sus propias verdades, siendo lo primero totalmente negativo para el desarrollo de la persona (este es el origen entre otras cosas de las paranoias) y lo segundo totalmente positivo (este es el caso de la motivación y la confianza).

    Un ejemplo podría ser el de un paciente de un psicólogo, o el cliente de un coach.


  • El monologo aceptado, en el cual una persona emite un mensaje (emisor) y otra, u otras, lo recibe/n (receptor/es) sin alternar los roles.

  • En esta circunstancia ambas partes cumplen con su cometido sin crear conflicto. Así pues, una de ellas (el/los receptores) reconoce la validez de la figura emisora para emitir un mensaje y lo acepta con naturalidad, por lo tanto el consciente y el inconsciente de cada receptor se reparten la carga en la recepción y elaboración de la información recibida.

    Como ejemplo más claro estaría el de un profesor y su clase.


  • El monologo no aceptado, siendo el mismo caso que el anterior, pero aquí el receptor no acepta de buena gana el mensaje del emisor, aunque formalmente lo escucha.

  • En este caso el consciente del receptor esta intentando elaborar el mensaje recibido (escuchado) pero el inconsciente esta realizando una frenética labor de rechazo y aceptación, es decir, en principio está rechazando el mensaje y en esa situación de elaboración del rechazo se están quitando recursos al consciente para asumir coherentemente lo que se está recibiendo . Esto provoca que el mensaje entre al inconsciente en bruto y quede allí sin elaborar. La causa está en que el rechazo de un mensaje debe ser por medio de la coherencia de la razón, pues la mente no puede rechazar un postulado sin explicar que es lo que le produce el rechazo, y esto hace que indirectamente se asuma el postulado.

    Un caso muy expresivo es cuando se recibe una crítica negativa, a la cual uno se opone, pero implicitamente le está dando la importancia y la validez que de forma explicita le niega.


  • El monologo no escuchado, es el mismo caso que el anterior solo que aquí el receptor no escucha el mensaje (pero parece que si lo hace).

  • El inconsciente del receptor ha tomado el mando y de forma interna a desconectado el canal que hay entre la audición y el cerebro. ¿Como lo hace? Saboteando la atención del receptor la cual es llevada a atender otra fuente de sonido o interponiendo un pensamiento absorbente y secuestrador como es, por ejemplo, una “preocupación”. El inconsciente ha decidido entonces que el mensaje a recibir no tiene importancia o es perjudicial y en vez de oponerse para anularlo, toma el control de la mente de la persona para llevar a cabo su propia estrategia y así dedicar atención a otro asunto que le parece más importante o prioritario.

    El ejemplo más claro sería cuando un conferenciante está hablando sobre un tema y una o varias personas del público están hablando, leyendo o sumidos en sus propios pensamientos fuera del tema que se está tratando. Otro caso es cuando en una dialogo entre dos, uno de ellos dice “parece que estoy hablando para las paredes”.



miércoles, 16 de diciembre de 2009

El Poder de la Palabra ( I )


Se ha escrito y comentado sobre el poder de la palabra. Casi siempre en relación al efecto que la palabra produce en los demás, ya sea en forma de argumentación, ratificación o disuasión. Con formatos más o menos formales como la charla, el debate, el dialogo, la conferencia, el mitin o la soflama.

En todos estos casos, no queda ninguna duda de que la palabra hablada tiene su impacto en el receptor, aunque no siempre con el efecto que desearía el emisor.

Existe otro aspecto del lenguaje que no tiene que ver nada con la comunicación interpersonal (entre personas) es la comunicación con uno mismo, que podíamos llamar intrapersonal (este vocablo no existe en el diccionario, pero creo que es suficientemente claro).

En toda comunicación existe un emisor y un receptor. En la comunicación intrapersonal el emisor y el receptor son la misma persona pero con un matiz: dentro de cada persona se pueden distinguir dos elementos que interviene en dicha comunicación, el consciente y el inconsciente.

Sobre la existencia de estos elementos se pueden contemplar diferentes formatos de comunicación:

  • El dialogo interior, donde el consciente revisa un tema planteado y el inconsciente hace de moderador.
  • En este caso el consciente lleva a cabo una labor de planteamiento y resolución sobre un tema, pero el inconsciente interviene permanentemente interrumpiendo, puntualizando y ofreciendo posibilidades, todas ellas basadas en la información y en las órdenes de supervivencia que este guarda. En dicho contexto la persona obtendrá conclusiones basadas en los miedos, deseos, amenazas, pasiones, odios, afectos, etc., donde también intervienen dos elementos “deformantes” para la comunicación, el pasado y el futuro, permitiéndoles tener un peso muy importante en el dialogo, por lo que el planteamiento entonces girará en torno a hechos ya pasados o a hechos todavía no pasados, en resumen, dos escenarios irreales que solo existen en nuestra mente (uno porque “ya no existe”, el otro porque “todavía no existe”).

  • La reflexión, donde el consciente revisa un tema planteado y el inconsciente hace de receptor o ayudante pasivo.
  • En un caso parecido al anterior solo que aquí al inconsciente no se le permite intervenir activamente y solo actúa como oyente, o llegado el caso, para aportar algún recuerdo o información especifica. Las conclusiones en este caso son evidentemente “razonadas” y el inconsciente las registrará para su posterior uso.

  • El sueño, donde el inconsciente revisa y ordena los recuerdos, conceptos y sensaciones almacenados.
  • Para un correcto funcionamiento del cerebro, el inconsciente necesita de vez en cuando (durante el sueño fisiológico) confrontar la información que almacena, en cuyo proceso se revisan y ponen en valor las experiencias recién adquiridas y se ordenan y guardan ya clasificadas para su posterior uso. Si no se realiza este proceso la persona entra en un proceso de “locura” por el cual pierde al control sobre el inconsciente, el cual se desborda y se pierde entonces la frontera entre el mundo real y mundo del inconsciente (lo que también se llama el mundo imaginario).

  • La autosugestión, donde el consciente le habla expresamente al inconsciente.
  • Este es un proceso de autoindución por el cual la persona, mediante ciertos ejercicios, provoca la entrada especifica de información en el inconsciente desde el consciente, con el fin de conseguir un resultado concreto. Valga como ejemplo los procesos de meditación o las técnicas de “anclaje” de la PNL.

lunes, 26 de octubre de 2009

La Sinceridad


Hace algún tiempo pude observar que una de las peticiones más comunes de las mujeres hacía sus parejas era la Sinceridad. Esto a día de hoy no ha cambiado. Sigue siendo la petición más requerida.


Se podría deducir entonces que los hombres son tacaños en sinceridad, o que lo llevan en los genes, pero … ¿Es esto realmente cierto?.


Y las mujeres ¿Son todo lo sinceras que se supone?.


Como diría mi carnicero “Vayamos por partes”.


La sinceridad bien entendida es el modo de expresarse libre de fingimiento. Tal así lo describe el Diccionario de la Real Academia de la Lengua.


Para que haya sinceridad entonces cabe suponer que tienen que haber:


  1. Alguien que se expresa

  2. Alguien que recibe esa expresión

  3. Un tema sobre el que expresarse


Pienso que la expresión aquí indicada no tiene forzosamente que ser oral, podría ser escrita, o podría ser mediante hechos.


¿Podemos decir, a priori, que los hombres fingen más que las mujeres? Tomándolo en sentido generalista, creo que no. Seguro que hay hombres que fingen más que sus parejas, pero no se puede aplicar esto como la generalidad.


Y al contrario ¿Podemos decir, a priori, que las mujeres fingen más que los hombres? Pues tampoco.


Entonces ¿Por que las mujeres solicitan más sinceridad a sus parejas? En esto tengo una teoría.


En los últimos años (no sabría cuantos pero sospecho que a partir de los 80 del siglo pasado) muchos científicos y pensadores están viendo que la conformación de la psique de las mujeres por su parte, y la de los hombres por la suya, tienen patrones comunes más allá de los tópicos y de las normas sociales heredadas. En el espacio de libertad personal y social que se ha venido viviendo desde la década de los años sesenta en el primer mundo, se ha podido contrastar que independientemente del nivel social, educativo, alimenticio o cultural, tanto los hombre como las mujeres adquieren ciertas pautas comunes a su genero.


Antropólogos y psicólogos están deduciendo que estas pautas son herencias ancestrales, imbuidas por la evolución durante miles y miles años.


Recientemente se han publicado libros divulgativos basados en estas diferencias “naturales” en los que se proponen que esas peculiaridades por razón del genero tienen un sentido dentro de la supervivencia de la especie, y forman parte del mecanismo de complementariedad y especialización necesario en la pareja humana.


De las obras más conocidas destaco “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus” de John Grey y “¿Por que los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas?” de Alan y Barbara Pearse.


Bien, pues según mi teoría basada en estos últimos planteamientos, al hombre no le falta sinceridad, no finge, sencillamente, no comunica.


Esto lleva a la mujer a pensar:


  • Si calla es porque oculta algo

  • Si oculta algo es porque no es “legal” (entendiendo aquí legal como verídico, aceptable, en definitiva, sincero)

  • Si fuera “legal” me lo contaría


Todo ello pensado genuinamente como mujer da como resultado entender el silencio del hombre como algo sospechoso. Si bien, esto no es aplicable a la totalidad de las parejas, es cierto que estas diferencias de base producen en la relación entre hombres y mujeres problemas más graves a medio y largo plazo. Esta falta de “sinceridad” permite que las mujeres elaboren teorías (no confirmadas, ni reales) que ponen al hombre en una situación incomoda, lo que provoca menos comunicación y menos “sinceridad”. Con el tiempo, este circulo vicioso va minando la relación, y puede llegar a ser causa de ruptura.


Debo explicar que no se debe entender con lo que he expresado que las mujeres se pongan en plan “paranoico” y vean cosas sospechosas donde no las hay. Sencillamente para una de las mitades de la pareja, el no comunicar suficientemente le resulta, como poco, “sospechoso”.


Pero en realidad esto también pasa en otros ámbitos de la sociedad. Si los gobernantes no comunican suficientemente que es lo que hace con los recursos públicos, donde se aplican y como, esto da que pensar que hay una mala gestión o corrupción. Lo mismo pasaría si fuera un club de futbol, una asociación benéfica o una empresa. La comunicación y la transparencia evitan las interpretaciones erróneas y especulativas, y esto es aplicable a todos los ámbitos.


Lo que no significa que en la pareja se tenga que decir todo, todo (porque realmente la mujer no dice todo). ¿O no?.